Es la violencia menos conocida. Puede ser sutil y difícil de identificar. Menosprecio, humillaciones, prohibiciones, control, amenazas, intimidaciones… Las agresiones psicológicas no dejan huellas en el cuerpo, pero duelen mucho y pueden ser aterradoras. Este tipo de violencia no es en ningún caso insignificante y afecta profundamente la autoestima y la salud de las víctimas.
Imponer los propios gustos y puntos de vista a la pareja (alimentación, ocio, personas a las que frecuentar, etc.), elegir en su lugar (corte y color de pelo, vestimenta, etc.), tomar decisiones importantes sin consultar a la otra persona, dar indicaciones sobre cómo comportarse, dar órdenes... La persona que ejerce la violencia toma el control e impide que la otra viva libremente. Dice saber lo que es bueno para la otra persona, que luego tiene que plegarse a su voluntad. Todo esto ya es una forma de violencia psicológica.
La violencia psicológica incluye los comentarios denigrantes y cargados de desprecio que la persona violenta expresa, a veces incluso frente a otras personas. Todo puede verse rebajado: las capacidades intelectuales, las ideas, las emociones, el aspecto físico, las amistades, el pasado, la manera de educar a los/as hijos/as, la forma de mantener la casa o de cocinar, etc.
Por ejemplo, frases como:
· «No lo conseguirás, no tienes las capacidades».
· «Estás loco/a, dices tonterías».
· «Siempre estás lloriqueando».
· «¡Pero mírate, qué aspecto tienes!».
· «No sabes hacer nada».
· «Eres incapaz».
El entusiasmo, el buen humor de la pareja, incluso sus manifestaciones de afecto pueden ser atacados. La persona que ejerce la violencia hace creer a la víctima que no vale nada y le da una imagen de incompetente e inútil.
La violencia psicológica también se expresa con insultos, ofensas, comentarios ofensivos o humillaciones, como levantar los ojos al cielo, dar la espalda, reírse, escupir, eructar, tirarse pedos, etc.
También puede expresarse con comportamientos como interrumpir constantemente a la pareja, no escucharla y no responderle, ignorarla, negarse a hablar con ella durante días sin dar explicaciones.
- «si me quieres, no vayas a esa cita»
- «prefieres a tu familia antes que estar conmigo»
- «esa amistad es una mala influencia para ti»
- «no me gusta que quedes con gente de tu trabajo»
- etc.
La violencia psicológica incluye todos los actos relacionados con los celos y el deseo de poseer a la otra persona. Por ejemplo, exigir una presencia continua y exclusiva, impedirle dormir por la noche, impedirle ver a familiares y amistades, impedirle salir sola o ir a ciertos lugares, vigilar las llamadas y los mensajes en el teléfono, el correo y las redes sociales (Facebook, Instagram, etc.).
El control ejercido por la persona que actúa con violencia puede convertirse en acoso: hacer preguntas constantemente, acusar, llegar de improvisto o llamar repetidamente para comprobar qué está haciendo la pareja en su tiempo libre...
La violencia psicológica incluye amenazas, como, por ejemplo:
- cortarle los víveres
- meterse con personas cercanas, con los hijos/as
- quitarle a los hijos/as
- golpear o matar a la pareja
- suicidarse
Usar las siguientes frases es otra forma de amenazar:
- «calla la boca o te estrangulo»
- «si vuelves a ver a esa persona, la cosa acabará mal»
- «si sales, te arrepentirás»
- «ten cuidado porque soy capaz de todo»
- «si te vas, no volverás a ver nunca más a tus hijos/as».
- «si te vas, mato al perro»
- «si te vas, te arranco el pellejo»
- «si te vas, me suicido»
Los comportamientos intimidatorios forman parte de la violencia psicológica: mirar con rabia, gritar, vocear o, al contrario, bajar el tono, fingir una voz suave o susurrar para asustar a la pareja, destrozar efectos personales, dar portazos, romper objetos de la casa, conducir a toda velocidad, golpear paredes o puertas, maltratar a un animal doméstico, etc.
La persona violenta demuestra su fuerza y amenaza con ir aún más lejos.