Violencia y personas mayores – «¡Una violencia invisibilizada!»
• Puede que sienta que la palabra «violencia» es demasiado fuerte para describir lo que está viviendo, sobre todo si no hay golpes. Sin embargo, las humillaciones, los insultos, las amenazas, el control del dinero, el aislamiento, las relaciones sexuales impuestas o el control de sus desplazamientos también pueden constituir formas de violencia.
• Las representaciones sociales y culturales han tendido, en particular, a centrarse en la violencia doméstica física, invisibilizando así otras formas de violencia que se pueden sufrir o ejercer.
• Algunas normas generacionales y sociales también contribuyen a banalizar y normalizar distintas formas de violencia.
• Algunas personas han crecido con la idea de que el matrimonio debe durar toda la vida, que los problemas de pareja deben quedarse en la familia o que no se debe «hablar mal» de la pareja. Estas creencias pueden dificultar el reconocimiento de la violencia y el hecho de hablar de ella.
• Los aspectos generacionales y culturales también pueden influir en nuestra definición de lo que constituye violencia sexual e incluso contribuir a invisibilizarla.
• Muchas personas también han crecido con la idea de que el matrimonio es un compromiso para toda la vida y que hay que preservar la unidad familiar a toda costa.
• Esto puede llevar, por ejemplo, a resolver los problemas dentro de la familia, considerar que el matrimonio es «para lo bueno y para lo malo», ver al marido como el jefe de la familia, temer «el qué dirán» o evitar hablar mal de las personas fallecidas. Hablar de violencia en la pareja suele generar un conflicto de lealtad hacia la persona que ejerce la violencia o hacia la familia.
• Muchas personas han crecido con la idea de que el matrimonio o el simple hecho de estar en pareja implica consentimiento y un compromiso de mantener relaciones sexuales. La noción de «deber conyugal» está muy extendida y contribuye a normalizar, e incluso banalizar, la violación.
• Estar casado/a o en pareja nunca significa consentir automáticamente a mantener relaciones sexuales. El consentimiento sigue siendo necesario, independientemente de la edad o de la duración de la relación.
• Estos factores invisibilizan la violencia y contribuyen a normalizarla. También pueden hacer que la persona víctima se sienta culpable y quede aún más aislada.
• Resulta aún más difícil reconocer la violencia y dar legitimidad a lo que se siente cuando el entorno valora estas creencias y normas. El miedo a no ser comprendido/a también puede disuadir a una persona de hablar o de cuestionarse sobre lo que está viviendo.
• En caso de una pérdida progresiva de los vínculos sociales y de la autonomía, la idea de pedir ayuda o abandonar el domicilio puede parecer insuperable. Con el paso de los años, algunas personas pueden ver cómo se reduce su red social debido a la jubilación, el fallecimiento de personas cercanas, problemas de movilidad o la pérdida de autonomía. Este aislamiento puede limitar las posibilidades de pedir ayuda.
• Los vínculos sociales son esenciales para protegerse frente al control coercitivo y suelen ser uno de los objetivos de la persona que ejerce este control, con el fin de aislar aún más a la víctima y reforzar su dominio sobre ella. El aislamiento social constituye, por tanto, un importante factor de riesgo y vulnerabilidad.
• Cuando la violencia se prolonga durante mucho tiempo, incluso varias décadas, hablar de ella puede resultar difícil. Muchas personas expresan sentimientos de vergüenza o culpabilidad a la hora de romper el silencio sobre lo que están viviendo.
• En los municipios pequeños, por ejemplo, donde el anonimato es más limitado, algunas víctimas pueden temer la mirada de los demás o que su situación llegue a conocimiento de su entorno o de su familia.
• Un entorno en el que se viven situaciones similares y se banaliza la violencia puede, en ocasiones, reforzar la culpabilidad o la sensación de «haber fracasado» en el matrimonio o de no ser «un/a buen/a esposo/a». En este contexto, puede resultar especialmente difícil romper el silencio. Además, en las dinámicas de control y dominación dentro de la pareja, las descalificaciones, los insultos y el miedo constante o imprevisible suelen reforzar el silencio y pueden llevar a la persona a dudar de sus propios sentimientos, sentirse responsable de las agresiones y adaptarse a ellas. Algunas personas sienten también vergüenza dentro de este ciclo de violencia, al no comprender por qué permanecen con una persona que les hace sufrir o vuelven con ella.
• Sentir vergüenza o culpabilidad es frecuente cuando se vive una situación de violencia. Sin embargo, la responsabilidad de la violencia recae siempre en la persona que la ejerce.
• Con el paso de los años, algunas personas pueden volverse más dependientes de su pareja, especialmente desde el punto de vista económico o para determinados cuidados y actividades de la vida cotidiana. Esta dependencia puede dificultar la posibilidad de pedir ayuda o alejarse de una relación violenta. El control coercitivo, que consiste en hacer que una persona sea dependiente por razones psicológicas, económicas o de salud, puede intensificarse en edades avanzadas, cuando determinadas vulnerabilidades se acentúan.
• Las desigualdades se agravan aún más en el caso de las mujeres: el hecho de haberse ocupado del hogar y de los hijos, así como la desigualdad salarial durante los años de actividad profesional, reducen considerablemente la pensión de jubilación. Esta diferencia puede reforzar la dependencia y la violencia económica.
• Pedir ayuda no significa necesariamente tener que abandonar inmediatamente el domicilio o poner fin a la relación. Es posible hablar de la situación y explorar las distintas opciones a su propio ritmo.
• Muchas personas no se atreven a salir de una relación marcada por la violencia porque piensan que es demasiado tarde o que ya no vale la pena. Después de años adaptándose a comportamientos agresivos, algunas personas sienten temor ante la idea de irse.
• Algunas personas también mencionan sentir que no tienen fuerzas suficientes para emprender trámites jurídicos o administrativos.
• Los problemas de salud y la dependencia económica de la pareja pueden reforzar el control ejercido por esta y aumentar el miedo a no poder salir de la relación.
• Algunas personas temen perder el control de la situación y tener que abandonar su domicilio, que la violencia se agrave o tener que ingresar en una residencia para personas mayores.
• La dificultad para hablar de la situación y encontrar recursos adaptados a necesidades específicas, ya sean económicas, de cuidados o incluso psicológicas, constituye un obstáculo importante que puede desanimar a las personas a buscar ayuda.
• Las personas cercanas suelen ser un recurso muy importante, tanto para identificar la violencia dentro de la pareja como para buscar posteriormente soluciones de apoyo y acompañamiento.
• Algunas señales pueden ser motivo de alerta: el aislamiento, el control por parte de la pareja (p. ej., no poder vestirse como desea o no poder hacer lo que quiere) o la banalización de la violencia hacia la pareja (p. ej., mediante bromas denigrantes o sobre el hecho de hacerle daño o maltratarla).
• A menudo es necesario romper el silencio que rodea la violencia. A veces hay que atreverse a preguntar cómo va la relación en general, cómo se desarrollan los conflictos o si la persona se ha sentido alguna vez en peligro, por ejemplo.
• Una persona que vive situaciones de violencia dentro de su pareja atraviesa una situación difícil y dolorosa, que puede ir acompañada de miedo, vergüenza o un sentimiento de soledad. Para abrir el diálogo, es importante ofrecer una escucha empática, sin juzgar y respetando el ritmo de la persona. Presionar a la víctima o hacerla sentir culpable son reacciones que deben evitarse, ya que pueden aislarla aún más.
• Es importante condenar los actos de violencia y, al mismo tiempo, mantener el vínculo con la persona. Mostrarle que la escucha y la apoya sin imponerle condiciones (p. ej., «Tienes que dejar a tu pareja») es una forma valiosa de acompañarla a su propio ritmo y ofrecerle un espacio seguro.
• El papel de quien presencia o tiene conocimiento de una situación de violencia es fundamental, pero también delicado y, en ocasiones, puede resultar difícil de asumir. Por ello, es importante no afrontar esta situación en soledad y contar con apoyo para poder hablar de ella con total confidencialidad.