Violencia y personas mayores – «Una violencia a menudo invisible»
Las personas de 65 años o más también pueden sufrir violencia en su relación de pareja.
La violencia puede adoptar diferentes formas:
Sin embargo, las personas mayores siguen pidiendo ayuda con poca frecuencia.
Por ello, la violencia en las parejas de personas mayores suele permanecer oculta y ser poco conocida.
El aislamiento puede hacer que la situación sea aún más difícil.
Los servicios de ayuda tampoco están siempre adaptados a las necesidades de las personas mayores.
En Suiza, durante los últimos 10 años, el 20 % de las víctimas de feminicidio estaban en edad de jubilación.
Esto representa 1 víctima de cada 5.
Las personas en edad de jubilación son el grupo más afectado.
En 2 de cada 3 casos, la persona responsable era alguien cercano, por ejemplo, la pareja o expareja.
No siempre es fácil saber dónde pedir ayuda.
Algunas personas mayores conocen poco los servicios que existen.
Otras tienen dificultades para acceder a ellos.
Por ejemplo, una persona puede:
Todavía existen pocas campañas de prevención dirigidas a las personas mayores.
Algunas personas con un recorrido migratorio pueden encontrarse con otras dificultades.
Por ejemplo:
Algunos servicios de ayuda tampoco son suficientemente accesibles para las personas mayores.
Por ejemplo, algunos alojamientos de emergencia exigen que la persona pueda vivir de forma autónoma.
Algunas consultas también requieren desplazarse hasta el lugar donde se ofrecen.
Esto puede resultar difícil para una persona con problemas de movilidad o que necesita ayuda en su vida cotidiana.
Un estudio del centro nacional de competencia Vieillesse sans Violence muestra que es importante conocer mejor estas dificultades.
Esto permite a los y las profesionales y a las personas cercanas reconocer mejor la violencia y acompañar mejor a las personas mayores.
Algunos comportamientos de su pareja pueden:
Si está viviendo una situación así, tiene derecho a hacerse preguntas y a hablar de ello.
También puede pedir ayuda si le preocupan sus propios comportamientos hacia su pareja.
También puede pedir ayuda si le preocupa una persona de su entorno.
Puede que piense que la palabra «violencia» es demasiado fuerte para describir su situación.
Sobre todo si no hay golpes.
Pero la violencia no siempre deja marcas en el cuerpo.
Por ejemplo, estos comportamientos también pueden ser formas de violencia:
Durante mucho tiempo se ha hablado principalmente de violencia física.
Por eso, otras formas de violencia pueden ser más difíciles de reconocer.
Algunas ideas aprendidas en la familia o en la sociedad también pueden hacer creer que ciertos comportamientos violentos son normales.
Pero la violencia nunca es normal.
Algunas personas han crecido con la idea de que:
Estas ideas pueden dificultar reconocer una situación de violencia y hablar de ella.
Una persona también puede tener miedo de lo que piensen los demás.
Puede tener miedo de traicionar a su pareja o a su familia.
Algunas personas han aprendido que una persona casada debe aceptar mantener relaciones sexuales con su marido o su mujer.
A veces se habla de «deber conyugal».
Esta idea puede hacer creer que una relación sexual impuesta es normal.
No lo es.
Estar casado/a o en pareja nunca significa aceptar automáticamente una relación sexual.
El consentimiento siempre es necesario.
Esto significa que la persona debe estar de acuerdo.
El consentimiento es necesario a cualquier edad y sea cual sea la duración de la relación.
Con la edad, algunas personas tienen menos contactos sociales.
Esto puede deberse a:
Una persona puede encontrarse entonces cada vez más sola.
En algunas situaciones de violencia, la pareja también intenta aislar deliberadamente a la persona.
Por ejemplo, la pareja puede:
Esto puede ser una forma de control coercitivo.
El control coercitivo es un conjunto de comportamientos utilizados para controlar a una persona y reducir su libertad.
El aislamiento puede hacer que sea aún más difícil pedir ayuda o abandonar el domicilio.
Por eso, mantener vínculos con otras personas es muy importante.
A veces, la violencia dura varios años o incluso varias décadas.
Después de tanto tiempo, hablar de lo que se está viviendo puede resultar muy difícil.
Algunas personas sienten vergüenza.
Otras se sienten culpables.
Pueden tener miedo de que su familia, sus amistades o sus vecinos/as descubran la situación.
En un municipio pequeño, por ejemplo, puede ser más difícil mantener el anonimato.
Algunas personas también piensan:
«Mi matrimonio ha fracasado.»
o:
«¿Por qué me he quedado tanto tiempo?»
La persona que ejerce la violencia también puede menospreciar, insultar o asustar regularmente a su pareja.
Con el tiempo, la víctima puede:
Sentir vergüenza o culpabilidad es frecuente cuando se vive una situación de violencia.
Pero la responsabilidad de la violencia siempre recae en la persona que la ejerce.
Con la edad, algunas personas se vuelven más dependientes de su pareja.
Esta dependencia puede estar relacionada con el dinero.
También puede estar relacionada con los cuidados y las actividades de la vida cotidiana.
Por ejemplo, una persona puede necesitar a su pareja para:
Esta dependencia puede hacer que sea más difícil pedir ayuda o alejarse de una relación violenta.
La persona que ejerce la violencia también puede aprovechar esta dependencia para aumentar su control.
Algunas mujeres han trabajado durante menos años o a tiempo parcial para ocuparse de los hijos y del hogar.
Las mujeres también han ganado a menudo menos dinero que los hombres durante su vida profesional.
Por ello, al jubilarse pueden tener una pensión más baja.
Esta situación puede aumentar la dependencia económica de su pareja.
También puede favorecer determinadas formas de violencia económica.
Pedir ayuda no significa que tenga que abandonar inmediatamente su domicilio o a su pareja.
Primero puede simplemente hablar de su situación.
Puede buscar información.
Puede reflexionar sobre las diferentes posibilidades.
Puede avanzar a su propio ritmo.
Después de muchos años de relación, algunas personas piensan:
«Es demasiado tarde para irme.»
o:
«A mi edad, ya no vale la pena.»
Otras personas temen no tener fuerzas para realizar trámites administrativos o jurídicos.
Algunas personas también tienen miedo:
Estas preocupaciones pueden hacer que buscar ayuda resulte muy difícil.
Pero es posible pedir ayuda sin haber decidido todavía irse.
La familia, las amistades, los vecinos y vecinas y otras personas de confianza pueden desempeñar un papel importante.
Pueden ayudar a reconocer una situación de violencia.
También pueden acompañar a la persona para buscar soluciones y pedir ayuda.
Algunos comportamientos pueden ser motivo de alerta.
Por ejemplo:
Estas señales no significan siempre que exista violencia.
Pero pueden ser una razón para iniciar el diálogo.
A veces es necesario atreverse a hacer preguntas.
Por ejemplo, puede preguntar:
«¿Cómo va tu relación de pareja?»
«¿Cómo son vuestras discusiones?»
«¿Alguna vez te has sentido en peligro?»
Una persona que vive una situación de violencia puede sentir miedo, vergüenza o soledad.
Por eso es importante escucharla sin juzgarla.
También hay que respetar su ritmo.
Evite decirle:
«Tienes que dejar a tu pareja.»
Evite también hacerla sentir culpable si no desea irse.
Puede decirle que los comportamientos violentos no son aceptables, y al mismo tiempo seguir estando presente para ella.
Su escucha y su apoyo pueden ser muy importantes.
Acompañar a una persona que vive una situación de violencia puede ser difícil.
No tiene por qué afrontar esta situación en soledad.
También puede pedir consejo a profesionales.
Puede hablar de la situación de manera confidencial y buscar soluciones para acompañar a la persona de la mejor manera posible.
¿Vive una situación de violencia?
¿Tiene preguntas sobre su propio comportamiento?
¿Le preocupa una persona mayor de su entorno?
Puede pedir ayuda.
En violencequefaire.ch puede encontrar servicios de ayuda adaptados a las personas mayores.
Recursos de ayuda para personas mayores: AQUÍ
No necesita estar seguro/a de que se trata de violencia para pedir ayuda.